9 de diciembre de 2010

Cani Arrabbiati (1974)

Dirigida por
Mario Bava

Escrita por
Alessandro Parenzo

Reparto
Maurice Poli
Aldo Caponi (Don Backy)
Luigi Montefiori
Lea Lander
Riccardo Cucciola
Maria Fabbri

Italia - Technicolor
96 Minutos

También conocida como:
· Kidnapped (Versión con nuevas escenas dirigidas por Lamberto Bava)
· Semaforo Rosso



Ver Canni Arrabiati (Que traduce a Perros Rabiosos), como un amante y defensor del trabajo y obra del gran maestro Mario Bava, impulsa sentimientos que se mezclan entre la confusión y la sorpresa, no solo por el cambio de estilo en el que se desarrolla con respecto a la filmografía del autor, sino por la presente dificultad de las variadas versiones que existen siendo ninguna la definitiva del señor Mario Bava, quien murió después de terminar Shock (1977) junto a su hijo Lamberto y asistir a Dario Argento en varias escenas de Inferno (1980), dejando así la película sin terminar. Y sin embargo, esa perspectiva de la realidad moderna, caótica y violenta, tiene una arquitectura interesante y única. Mario Bava se siente presente en una película que podría declararse extrañamente anónima.

No quisiera adentrarme en anotar diferencias entre una y la otra versión estrenada internacionalmente como Kidnapped (Secuestrados), pero esta reseña se enfocara sin duda en la que quizás, y por mera especulación de fanático, sea la versión más cercana a la idea que Bava tenía al realizar esta película, que fácilmente puede agruparse en el grupo de películas de “criminales” de la Italia setentera ó, posiblemente también dentro del subgénero conocido como Poliziotteschi ó Eurocrimen aunque se aleje totalmente del protagónico policiaco o detectivesco de la que tanto se caracteriza. Y tal vez es por aquí donde podamos hablar de la única propuesta, por lo menos en el desarrollo dramático, en el desarrollo de la acción, que hace que el filme se distinga un poco del filme de criminales regular.

La película inicia con un robo de cuatro ladrones que, en su escape terminan inevitablemente regando sangre tanto de los inocentes como el de uno de los criminales para llegar al secuestro de una mujer inocente (Lea Lander) y un hombre (Ricardo Cucciola) con un niño enfermo. Dottore, el jefe (Maurice Poli), Bisturí (Aldo Caponi, más conocido como Don Backy) y Treinta y Dos (Luigi Montefiori, también conocido como George Eastman) deciden llevar a sus victimas hasta las afueras de la ciudad para escapar de la policía. Dejando esta premisa en claro que el único espacio andante (el automóvil), ese espacio asfixiante y tan pequeño, se lleva a cabo la mayor parte de la acción y el desarrollo de sus personajes. Siendo atacada su ruta siempre por inconvenientes que hacen más difícil la llegada al destino final de nuestros protagonistas. Y esto es lo que hace que no sea un filme de escape. Todos los intentos de sus protagonistas en escapar (porque los hay), solo sirven quizás, con la intención de otorgar una emoción y una solución de escape al espectador. Pero creó, con sinceridad, que el poder, sea poco o mucho, del filme se crea con sus personajes.

No es siquiera el Dottore, el eje central o foco principal de nosotros los espectadores. La acción y reacción que recae en las victimas provienen de Bisturí y Treinta y Dos, el cual inmediatamente tensionan el conflicto entre los personajes que queremos que, de alguna manera, se salven. El trabajo vital aquí es de sus actores. Caponi y Montefiori otorgan una calidad incomoda pero irresistible en sus vulgares formas de diversión y en su sarcástica forma de comportarse con sus victimas. Y aquí es donde me atreveré a dar acusaciones que sean bien vistas o no, creo que son validas dadas a lo extraordinario que es el filme al estar integrado en este tipo de películas de criminales. Los verdaderos héroes de Canni Arrabiati no son las victimas, sino sus criminales Bisturí y Treinta y Dos. Quítenlos del producto final y no son nada. Me atrevería a confiar mi visión de que, siendo el producto final que es, su pretensión de “thriller” se desvanece y este, funciona más como una película de personajes, que, gracias al escenario del auto, ayudan a desarrollarse de forma mucho más interesante que las acciones de “escapismo”.

Las victimas (María y Ricardo), solo aparecerían entonces como fachadas que llegan a simpatizar con la audiencia pero que sirven muchísimo más para poder conocer a estos dos corruptos malandrines de por fuera y por dentro. Sucios, sudorosos, expediendo vulgaridad, codiciosos y sin escrúpulos, ambos dependen entonces uno del otro para entonar la incomodidad de las situaciones que nosotros los espectadores, vemos en repulsión y desaprobación. Pero para ellos, es una forma divertida de liberar tensiones antes de que el infierno se venga encima de ellos. Con la acertada, formalmente por mera coincidencia, tanto Caponi como Montefiori, muestran en su contextura musculosa, una presencia física del machismo hasta llegar a la homosexualidad, presentada específicamente en Bisturí, y su humanidad descarnada en las situaciones que lo obligan a no resistirse frente a la terrible realidad que tiene que aceptar en su soledad frente a una amistad que ha demostrado su mortalidad y ha desplegado, en el filme, una tensión homo erótica que estuvo presente en el filme incluso en los ataques sexuales de Treinta y Dos hacia la pobre Maria, otorgando una visión corrupta, violada y abnegada de la sexualidad, incluso en su propia abstinencia.

Sea esto tomado o no como una intención única, teniendo un producto indefinido, es esto lo que quizás hace más interesante el filme. La violencia no llega de inmediato, ni es gratuita, sino es causada por la personalidad de sus villanos, desplegando una posición más interesante en quien la vea, ya que separar la etiquetación del “bueno” y el “malo”, sino que los conjuga en un nivel mucho más profundo y humano.

Los secuestradores y la secuestrada

Lo que trato de justificar no es carreta. Siento, con dolor, tener la necesidad de decir que esta es la forma más valida en la que esta película pueda verse con un valor mucho más allá que el de un exploitation regular. Siento que este canal (Bisturí y Treinta y Dos) fueron la vía perfecta para desarrollar ese mundo violento y nihilista en el que Bava quería probar un nuevo estilo, único. Tratando de separarse del género fantástico del que ya era tan reconocido. Y aunque Canni Arrabiati no haya estado terminada, se ve claramente la intención de desplegar esa visión realista sobre el caos de la modernidad. En Shock, ya mencionada antes, no abandonaría (sin embargo), lo sobrenatural pero si cogeria un tema inevitablemente moderno: la crisis familiar. Esta última obra es un buen ejemplo de esa traducción del caos (la drogadicción, el asesinato o el simple apadrinamiento de un “padrastro”), siendo esta vez a través de lo sobrenatural. Y con esta obra por lo menos completada, pueden guiarse varias distinciones que nos ayuda a reconocer esa visión de Bava sobre el mundo occidental moderno que intentaba retratar.

Una de esas primeras distinciones es el paisaje. No solamente por los inertes planos generales (Tomémoslas aquellas como insertos para desarrollar la acción de seguir al auto), sino en aquellas en donde se convierten en una configuración, quizás estética, de las acciones violentas. Aquí también se usa el plano general como mediador de las mismas, como el interesante y cruel desenlace de la persecución del maizal, en donde Maria debe aceptar el juego de nuestros dos personajes. Al mismo tiempo, hay una construcción Baviana tal vez típica pero moderna, y finalmente preciosa, en donde su composición principal sea la de los cuerpos sin vida de los personajes (Esto se da en dos ocasiones notables, ambas casi al final de la película). Ahí, yo personalmente siento a Bava en el aire.

¿Pero que tan acertado puede ser mi análisis y mi validación de la película a sus intenciones? Cada uno y hasta los mismos actores, según las entrevistas y crónicas del biógrafo del maestro, Tim Lucas, tienen visiones, aprobaciones y desaprobaciones del filme tan variadas como personales. Y es aquí donde presenciamos un evento que pocas veces se da con efectos lamentables por su perdida. Aunque ya acostumbrados por estas situaciones con muchas obras del periodo mudo (En donde la película de Erich Von Stroheim Avaricia, aparece como un ejemplo muy notable), es extraño el fenómeno de películas que pertenezcan a una modernidad y mucho más si estas mismas tienen una calidad tan única como la de Canni Arrabiati. Para mi sinceridad, y con todo el amor que tengo al maestro Mario Bava, creó que como thriller muchas cosas quedaron pérdidas. Y aquí el fenómeno tiene un efecto hasta genial, porque hace que el producto final llegue exitosamente a un punto al que tal vez no quiso llegar. Canni Arrabiati tiene éxito porque, en vez de ser un cuento sobre el escape de los secuestrados termina siendo una introspectiva muy valida sobre la potente impotencia de sus vulgares secuestradores.

Notas: Recomiendo muchísimo el audio comentario del biógrafo de Mario Bava, Tim Lucas que esta presente en la edición remasterizada de Anchor Bay, al igual que su libro Mario Bava: All the Colors of the Dark. Sus anotaciones fueron vitales para conocer el confuso proceso de realización de la película para llegar al estado de “completo” para así realizar esta atentada revisión a una de las películas más raras dentro de la filmografía Baviana.

1 comentarios:

tokig dijo...

Bava evidentemente cambia de registro y nos entrega una de sus peliculas menos personales diria yo, pero funciona como thriller asi no sea del todo Baviano. Debo decir que el final me sorpredió y le da un plus adicional a la historia. No esta entre mis favoritas del maestro italiano pero si que es un buen thriller para ver...

saludos