5 de diciembre de 2010

Death Rides a Horse (1967)


Dirigida por
Giulio Petroni

Escrita por
Luciano Vincenzoni

Reparto
John Phillip Law
Lee Van Cleef
Mario Brega
Luigi Pistilli
Anthony Dawson

Italia - Technicolor
116 Minutos

Tambien conocida como:
· Da Uomo a Uomo (Titulo Original)
· Viva Django, Man to Man




Una venganza siempre ha sido un buen tema para un western y más si ese mismo tiene a Lee Van Cleef y a John Phillip “Diabolik” Law como sus vaqueros protagonistas. Pues bien, Da Uomo a Uomo los tiene como protagonistas, pero el verdadero héroe es su motivo: la venganza. Si como dije antes.

Podemos decir que es prototipo dentro de la línea del Spaghetti Western, así que ya hay ciertas características aseguradas. Buena música, excelente fotografía y mucha violencia. Es deber primordial que, así tal vez como cuando uno intenta reseñar un giallo, tener la cordura o mejor dicho, la mínima sabiduría para poder controlar estas mismas de los reales motivos de cada una, especialmente si la mayoría de veces el conector principal son las excelentes composiciones de Ennio Morricone.

Pero mírenme de nuevo. Tratando de sobresaltar la excelente música de Morricone que, en este caso, no valdría de nada sin sus coros, los cuales parecen apocalípticos dentro de la tensión de la historia. Y como la historia es de venganza, lo que data interesante aquí es la relación dramática de sus dos protagonistas. Ryan (Lee Van Cleef), quien después de quince años de cárcel quiere vengarse de aquellos que lo mandaron a la ratonera y el joven y apuesto Bill (John Phillip Law), quien después de haber vivido una traumática infancia presenciando el asesinato de su familia, descubre que después de tanto tiempo tiene la oportunidad de vengarse de aquellos que le hicieron daño.

Así, el comparñerismo se da, tal vez como en los mejores casos. En el western americano es muy común esta característica, llegando a extravagantes consecuencias como el enfermo e innegable triangulo amoroso de The Outlaw de Howard Hughes o la presencia conservadora de John Wayne junto con la dulzura de Montgomery Clift en Red River de Howard Hawks. Pero aquí, es el orgullo individual de cada uno de sus personajes y como su interés los lleva a un eje principal. Es pura juguetería dramática que sirve de excusa para la balacera final. Lo interesante del asunto es como los roles padre-hijo se cumplen con la rareza de la que solo un western, tal vez solo un spaghetti western, podría otorgarnos. También hay una misticidad que sin duda sostiene las fuertes influencias de películas de explotación tan celebres como Thriller: A Cruel Picture, que en sí, se definiría sarcásticamente por sus pretensiones como un western urbano. Es en especial, por la escena en que Bill es torturado en un hueco de arena. La comparación es superficial pero valida.

Y hablando de Bill. Hay algo más que hace valido este finalmente entretenido y vengativo y spaghetti western. Phillip Law interpreta al jovencito que vemos en la introducción llorando por la muerte de su familia. Aquí, Law es un rubio de ojos azules jugando con una pistola y una escopeta. Lee Van Cleef le jala las orejas en una escena y los ojos azules de nuestro amado Law lloran como un verriondo. Nada más placentero para hacer valido mi boleta de entrada al cine.