
Dirigida por
Merian C. Cooper
Ernest B. Schoedsack
Escrita por
James Creelman
Ruth Rose
De una idea original de Merian C. Cooper y Edgar Wallace
Reparto
King Kong “La Octava Maravilla del mundo”
Fay Wray
Robert Amstrong
Bruce Cabot
Frank Reicher
USA – Blanco y Negro
104 Minutos (Con Overtura)
Tanto ha sido el impacto de King Kong desde su nacimiento que se ha convertido en una importantísima influencia no solo sobre el cine fantástico sino en la cultura popular del siglo XX. No digamos, como son usuales en mis maneras de recordar un “impacto cultural” como este caso, ni siquiera solo en una porción occidental. Godzilla no solo nació gracias a la bomba atómica. Y es por eso que el dictado que aclama sin pena a Kong como “la octava maravilla del mundo” no es un juego. Es que Kong, es la octava maravilla del mundo. El primer regalo monstruoso del cine para el mundo, cuyo origen sigue intacto y su secuela produciéndose.
Por supuesto, King Kong no es la primera película de monstruos gigantes en el cine, y la idea de Merian C. Cooper fue complementada y muy influenciada, por lo menos cinematográficamente hablando, gracias a The Lost World, el clásico mudo cuya deuda para los efectos especiales en el cine todavía es invaluable. No solo Kong debe gran deuda a esta película, si no mencionamos de nuevo a Godzilla, Equinox, The Evil Dead, Braindead y, obviamente Jurassic Park. Pero muchas de estas mismas películas que acabó de mencionar también tienen su deuda con el gorila gigante. El uso del Stop-Motion desarrollado por Willis O´Brian (Que, solo por anotar, fue el responsable de los efectos en el clásico mudo), desencadenaron todo un concepto que hacia responsable al cine de desarrollar unas capacidades nuevas, ya teniendo el sonido a la par, para entablar una definición del cine fantástico en su forma más cinemática (Desde las influencias de grandes directores como Mélies), y King Kong quizás es la película hablada más importante en estos terminos. En definir al cine como una maquina de contar, crear, experimentar y desarrollar las más abruptas fantasías. No solo para complacer al espectador, sino para emocionarlo, entretenerlo. De eso se trata el cine y, para los gringos, era mucho más que necesario en un año como 1933, en que la depresión económica pedía a gritos un gorila gigante. Agradezcamos a la vida, también, que la época pre-código permitió desarrollar tan épica fantasía. La depresión sin duda necesitaba hablar y esto, solo en esta primera instancia, la hace tan importante para con su contexto como lo fue para el musical con Gold Diggers of 1933 de Mervin LeRoy, la cual desarrolla su efecto a su manera.
Y Kong también lo hace a la suya. Kong es un gorila gigante, el dios de la isla Calavera que imponiendo terror a quien le ataque pide por una mujer como su esposa. Fay Wray, y es aquí donde empiezo a mencionar a este pedazo de mujer, una norteamericana sin un centavo que tiene las más abruptas ganas de aventura y de hacer filmes, se convierte en la bella que mata a la bestia. Kong queda totalmente enamorado de ella, y no se equivoquen, Kong ha matado gente, Brontosaurious y Tiranosauros, en una forma que hasta hoy permanece grotesca, impactante y divertida, pero el gorilón no le hace ni un rasguño a la indefensa señorita Wray, quien se mantiene tan sorprendida y asustada que no puede evitar gritar por lo menos diez veces en cada carrete. Claro que, siendo azarosas cuentas creó que hasta me equivoco, no con menos sino con más gritos.
Y esta también es una de las cosas que más atesoro de King Kong. Nada sería sin su actor principal, nuestro gorila, pero estoy seguro que no seria lo mismo si Fay Wray no se hubiera su peluca y aceptado el contrato de participar como la chica en peligro. Son los gritos de Fay Wray lo que, sin pena de nada, la convierten en un clásico. Y a veces me pregunto si es que Carl Dehman, el loco director aventurero que moriría por una toma (Robert Armstrong) no será, en espíritu al señor Merian C. Cooper, quien según cuentan por ahí, fue influenciado por las aventuras y fotografías de libros de documentos de exploradores que lo impactaron desde que era apenas un pequeño. Claro, que Dehman no tiene escrúpulos, y es, de su afán celuloidico, de una ambición tan apegada ala industria como lo es Hollwyood, que es sorprendente saber cuanta gente inocente muere, no solo por Kong, sino por su señoría, el director.
No es necesario volver a repetir lo mismo. ¿Para que hacerlo? King Kong es una obra mitica. Una película de aventuras que es en realidad una película de serie B con tanta alma y verdadero amor tan gigante como el monstruo, que se ha vuelto tan importante para el cine que hoy tenemos en las manos, y cuya influencia, después de tantos años y sin perder efecto, no puede dejarse de descuidado. Lo único que me sorprende aún es el que Fay Wray no haya pasado a ser tan icónica como debería serlo. Nadie es, ni siquiera una vieja tetona acuchillada por un hombre enmascarado, la reina de los gritos, del terror y de la aventura como la señorita Wray. Y eso, señoras y señores, también se llama legado.
Merian C. Cooper
Ernest B. Schoedsack
Escrita por
James Creelman
Ruth Rose
De una idea original de Merian C. Cooper y Edgar Wallace
Reparto
King Kong “La Octava Maravilla del mundo”
Fay Wray
Robert Amstrong
Bruce Cabot
Frank Reicher
USA – Blanco y Negro
104 Minutos (Con Overtura)
Tanto ha sido el impacto de King Kong desde su nacimiento que se ha convertido en una importantísima influencia no solo sobre el cine fantástico sino en la cultura popular del siglo XX. No digamos, como son usuales en mis maneras de recordar un “impacto cultural” como este caso, ni siquiera solo en una porción occidental. Godzilla no solo nació gracias a la bomba atómica. Y es por eso que el dictado que aclama sin pena a Kong como “la octava maravilla del mundo” no es un juego. Es que Kong, es la octava maravilla del mundo. El primer regalo monstruoso del cine para el mundo, cuyo origen sigue intacto y su secuela produciéndose.
Por supuesto, King Kong no es la primera película de monstruos gigantes en el cine, y la idea de Merian C. Cooper fue complementada y muy influenciada, por lo menos cinematográficamente hablando, gracias a The Lost World, el clásico mudo cuya deuda para los efectos especiales en el cine todavía es invaluable. No solo Kong debe gran deuda a esta película, si no mencionamos de nuevo a Godzilla, Equinox, The Evil Dead, Braindead y, obviamente Jurassic Park. Pero muchas de estas mismas películas que acabó de mencionar también tienen su deuda con el gorila gigante. El uso del Stop-Motion desarrollado por Willis O´Brian (Que, solo por anotar, fue el responsable de los efectos en el clásico mudo), desencadenaron todo un concepto que hacia responsable al cine de desarrollar unas capacidades nuevas, ya teniendo el sonido a la par, para entablar una definición del cine fantástico en su forma más cinemática (Desde las influencias de grandes directores como Mélies), y King Kong quizás es la película hablada más importante en estos terminos. En definir al cine como una maquina de contar, crear, experimentar y desarrollar las más abruptas fantasías. No solo para complacer al espectador, sino para emocionarlo, entretenerlo. De eso se trata el cine y, para los gringos, era mucho más que necesario en un año como 1933, en que la depresión económica pedía a gritos un gorila gigante. Agradezcamos a la vida, también, que la época pre-código permitió desarrollar tan épica fantasía. La depresión sin duda necesitaba hablar y esto, solo en esta primera instancia, la hace tan importante para con su contexto como lo fue para el musical con Gold Diggers of 1933 de Mervin LeRoy, la cual desarrolla su efecto a su manera.
Y Kong también lo hace a la suya. Kong es un gorila gigante, el dios de la isla Calavera que imponiendo terror a quien le ataque pide por una mujer como su esposa. Fay Wray, y es aquí donde empiezo a mencionar a este pedazo de mujer, una norteamericana sin un centavo que tiene las más abruptas ganas de aventura y de hacer filmes, se convierte en la bella que mata a la bestia. Kong queda totalmente enamorado de ella, y no se equivoquen, Kong ha matado gente, Brontosaurious y Tiranosauros, en una forma que hasta hoy permanece grotesca, impactante y divertida, pero el gorilón no le hace ni un rasguño a la indefensa señorita Wray, quien se mantiene tan sorprendida y asustada que no puede evitar gritar por lo menos diez veces en cada carrete. Claro que, siendo azarosas cuentas creó que hasta me equivoco, no con menos sino con más gritos.
Y esta también es una de las cosas que más atesoro de King Kong. Nada sería sin su actor principal, nuestro gorila, pero estoy seguro que no seria lo mismo si Fay Wray no se hubiera su peluca y aceptado el contrato de participar como la chica en peligro. Son los gritos de Fay Wray lo que, sin pena de nada, la convierten en un clásico. Y a veces me pregunto si es que Carl Dehman, el loco director aventurero que moriría por una toma (Robert Armstrong) no será, en espíritu al señor Merian C. Cooper, quien según cuentan por ahí, fue influenciado por las aventuras y fotografías de libros de documentos de exploradores que lo impactaron desde que era apenas un pequeño. Claro, que Dehman no tiene escrúpulos, y es, de su afán celuloidico, de una ambición tan apegada ala industria como lo es Hollwyood, que es sorprendente saber cuanta gente inocente muere, no solo por Kong, sino por su señoría, el director.
No es necesario volver a repetir lo mismo. ¿Para que hacerlo? King Kong es una obra mitica. Una película de aventuras que es en realidad una película de serie B con tanta alma y verdadero amor tan gigante como el monstruo, que se ha vuelto tan importante para el cine que hoy tenemos en las manos, y cuya influencia, después de tantos años y sin perder efecto, no puede dejarse de descuidado. Lo único que me sorprende aún es el que Fay Wray no haya pasado a ser tan icónica como debería serlo. Nadie es, ni siquiera una vieja tetona acuchillada por un hombre enmascarado, la reina de los gritos, del terror y de la aventura como la señorita Wray. Y eso, señoras y señores, también se llama legado.

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